| Muy intensa ha sido la pasada semana en acontecimientos económicos. El más importante es la reacción del Gobierno tras reconocer que el déficit público se ha disparado hasta el 11,4 por ciento del PIB, dos puntos más que lo estimado hace poco tiempo por el propio Ejecutivo aunque ya esperado por casi todos los analistas independientes. El que ahora Economía haya anunciado un plan de recorte del gasto público de 50.000 millones en tres años supone un cambio de rumbo, al menos en intenciones. Será difícil alcanzar este objetivo sin tocar, como se ha apresurado a decir el Gobierno, el gasto social y centrándose únicamente en el gasto corriente porque la marea de nuevos desempleados quema recursos a un ritmo frenético mientras que los ingresos siguen cayendo por la atonía de la actividad productiva. Prueba de ello es que el balance del año 2009 no puede ser más sobrecogedor: el desempleo ha marcado un máximo con 4,3 millones de personas, los parados aumentaron en 1,1 millones de personas y se perdieron 224.200 empleos en el último trimestre, la tasa de paro llegó al 18,8 por ciento de la población activa, la de los jóvenes menores de 24 años al 39 por ciento y casi al 30 por ciento entre los inmigrantes. Existen parecidas dudas sobre la viabilidad de la reforma del sistema de pensiones públicas, al menos en los términos anunciados, puesto que ha despertado un rechazo frontal de los aliados "naturales" del Gobierno. En cualquier caso, ambas iniciativas demuestras que el Gobierno reconoce por fin que hay que poner freno al desequilibrio de las cuentas públicas y que no se puede, como sucedió el pasado año, que el sector público gastara unos 110.000 millones de euros más de lo que ingresó. Por otra parte, el comportamiento de los mercados de valores sigue preocupando a muchos inversores. Enero se ha saldado con una caída del 8,3 por ciento, y eso que en el último día del mes el selectivo español recuperó más de un punto animado por el alto crecimiento norteamericano. En Europa, los recortes han sido menores, entre un 4 y un 6 por ciento. La mayoría de los analistas ven lógico este recorte pero hay discrepancias a la hora de calificarlo como una toma de aliento para retomar la senda alcista o puede tratarse de corrección en toda regla, del 25 por ciento o incluso mayor, como apuntan los expertos más pesimistas. |